Saltar al contenido
OC OPTICA

Edad y Visión. Patologías oculares que más pueden afectar a la vista

optica cervantes

Los problemas de la visión afectan a más del 75% de la población mundial.

Si bien tener problemas de visión no significa tener dificultades serias para desarrollar una vida normal, sí hay una parte importante de personas cuyos problemas visuales limitan su vida de forma más o menos radical. Según la OMS, se calcula que en el mundo hay 39 millones de personas ciegas y 246 millones con baja visión, unas cifras que, de confirmarse las previsiones del mismo organismo, alcanzarán un volumen alarmante en 2020, con 76 millones de personas ciegas.

Este elevado índice de problemas oculares en la población mundial responde, en parte, a los actuales hábitos de vida poco saludables, pero también a la longevidad cada vez mayor de la población, ya que, a más edad, mayor riesgo de enfermedad ocular.

En este sentido, el primer estudio sobre el estado de la salud visual y la ceguera de la población en Catalunya realizado por la Cátedra UNESCO en Salud Visual y Desarrollo de la UPC a partir de la Encuesta de Salud de Cataluña 2006, pone de manifiesto que las prevalencias más elevadas de mala visión se encuentran en el grupo de edad de personas mayores de 75 años, casi 5 veces superior a las de las personas de 15 a 44 años (entendiendo por mala visión tener alguna limitación grave de la visión que imposibilite ver la televisión a dos metros incluso con gafas o lentes de contacto). El informe constata también que ésta es la etapa en donde más se va al oftalmólogo.

Se calcula que en el mundo hay 39 millones de personas ciegas y 246 millones con baja visión

Ante estas cifras, surge una pregunta clave: ¿Podemos hacer algo al respecto? Lo cierto es que con la edad nuestro cuerpo sufre cambios que a veces limitan las actividades habituales, y el sistema visual no es una excepción. Por tanto, es lógico que algunos desórdenes visuales estén asociados a este proceso fisiológico. Con los años, las estructuras oculares sufren cambios anatómicos y funcionales: desde los párpados, la lágrima y la córnea, hasta el cristalino, el vítreo y la retina, se ven afectados por el envejecimiento. De hecho, la mayoría de la población empieza a notar cambios en su visión a partir de los 40 años de edad. A partir de entonces, la persona puede comenzar a experimentar dificultades para enfocar la visión de cerca, para distinguir algunos colores y los contornos de los objetos, o para adaptarse a los cambios de luz.

gafas adra

La mayoría de la población empieza a notar cambios en su visión a partir de los 40 años de edad

Además, a medida que se envejece, aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades oculares importantes, que pueden derivar en la pérdida de la visión o la ceguera.Y no hay que olvidar que perder visión en edades avanzadas es especialmente limitante, ya que existe menor capacidad de adaptación que en edades más tempranas y el problema visual se suma a otros condicionantes físicos y psíquicos ligados a la edad. Una mala visión en la madurez es causa de caídas, de miedo a salir a la calle, y de falta de relación con el entorno, por lo que afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales, produce un sentimiento de aislamiento y favorece la aparición de cuadros depresivos.

Por su gravedad y prevalencia, entre las patologías oculares que más pueden afectar a la visión y a la calidad de vida de las personas mayores destacan la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), las cataratas y el glauco- ma, así como patologías de la retina vinculadas a enfermedades generales como la diabetes, la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia, cada vez más frecuentes en nuestra población, y especialmente en la tercera edad. De entre ellas, cabe destacar la retinopatía diabética.

La edad es, sin duda, un factor de riesgo en el desarrollo de estas enfermedades, pero no el único, ya que se trata de patologías multifactoriales. La clave está en minimizar los factores de riesgo evitables, como controlar la diabetes, la hipertensión o el colesterol y adoptar hábitos que reduzcan sus efectos nocivos o incluso que prevengan su aparición, como el cuidado de la alimentación, el ejercicio físico y el abandono del tabaco. Llevar una vida sana ayuda a prevenir enfermedades generales y sus efectos nocivos para el sistema ocular, especialmente para la retina.

“Algunas de las enfermedades que más pueden afectar a la visión y a la calidad de vida de las personas mayores, como la DMAE o el glaucoma, son progresivas e irreversibles y a menudo no presentan síntomas hasta que se ha entrado en una fase muy avanzada y la pérdida de visión es ya muy importante.”

Asimismo, existe otro factor importante a tener en cuenta: algunas de estas enfermedades, como la DMAE o el glaucoma, son progresivas e irreversibles, y a menudo no presentan síntomas hasta que se ha entrado en una fase muy avanzada y la pérdida de visión es ya muy importante. Por tanto, la detección precoz y el tratamiento oportuno pueden prevenir la pérdida de la visión y la ceguera. Para ello son imprescindibles las revisiones frecuentes (bianuales a partir de los 40 años y, por lo menos, anuales, a partir de los 60 o si se tienen otros factores de riesgo importantes, como antecedentes familiares, alta miopía o enfermedades crónicas del sistema central).

lentillas adra

Es conveniente, además, que estas revisiones incluyan un examen completo con pupila dilatada para detectar determinadas enfermedades del ojo en sus primeras etapas. Cabe añadir que cualquier persona, tenga la edad que tenga, debe saber que ante la aparición del más mínimo signo de alarma, como visión borrosa o disminución de la visión, debe visitar al especialista para diagnosticar la causa de la alteración y que se pueda iniciar el tratamiento adecuado lo antes posible.

Como conclusión, podemos decir que es muy probable que padezcamos una enfermedad ocular a lo largo de la vida, en especial en las últimas etapas, y que, en consecuencia, la mejor estrategia consiste en prevenir y cuidar nuestra visión desde edades tempranas, a través de exámenes oculares periódicos y del compromiso con unos hábitos de vida saludables.

Fuente: Fundación IMO